Sociedad & cultura

Sociedad & cultura El Teje Nº1/2007

Florencia de la V dice que se casa pero no de blanco Ala

Por El Teje

Florencia de la V dice que se casa pero no de blanco Ala

Ella es un ejemplo de que todas podemos ser lo que queremos y como queremos. Su visibilidad nos dio un gran aliento y, si ella eligió el arte, nosotras lucharemos para poder elegir cualquier cosa: la economía, la política, la asistencia social, el diseño, la abogacía...

Yo no tenía miedo de enfrentar a Florencia de la V, sino de que no entendiera la propuesta de El Teje. Que pensara que yo la iba a presionar con eso de los derechos, plantearle que militara cuando en realidad... quería que nos hiciéramos cómplices. Pero seguía imaginándome que, en algún punto, le entraría el fantasma de por qué no tenía una escuelita para travestitas huérfanas o de si yo sentía que ella era millonaria y todo lo podía. Pero todo fue muy fácil.


Estaba vestida muy tranqui: un jean chupín, no muy al cuerpo y una remera con un impreso que no vi porque su pelo es tan largo, tan espectacular que me lo tapaba.


Me pareció que tenía un lenguaje muy travesti: no sólo usaba esa réplicas picarescas a lo Moria Casán, sino palabras como ambidiestro, binorma, Pal-n. Eso, seguro, se lo ha robado de las chicas travestis que la maquillaban en Carlos Paz. Por ejemplo la brasilera, Malafé, que era su asistente.


El camarín era muy blanco y muy luminoso. En el televisor estaba Susana y, durante toda la nota, le habrá echado dos miradas (otra trava hubiera pegado los ojos al televisor).

Hace diez años que trabajo en el medio y la gente me incorporó. Es más: creo que no me ven como a una travesti, me ven como una artista como cualquier otra. No dicen “la travesti actriz”. Eso habla muy bien de la Argentina.

-Para nosotras, las travestis, vos sos un éxito y un orgullo. Nos identificamos con vos. No pasaba tanto con alguien como Cris Miró. Será que a vos te vemos absolutamente trans


-Es que a Cris, las travestis la veíamos como transformista que se disfraza de mujer. Y nunca terminó de definir la mujer que quería ser.


Se nota que Florencia de la V, en cambio, mariconeaba ante el espejo, que no esperó agazapada y escondida como hombre hasta conseguir poder para transformarse. Cris Miró, en cambio, tenia introyectado el miedo gay. Iba con su pelo largo y sus botas tejanas pero debajo del escenario no enfrentaba al público como trava. Tenía esa cosa que tienen los gays de evitar la visibilización: no soy hombre ni soy mujer pero no soy trava.


-En nosotras, en cambio, hay como un coraje al toque ¿no? A los 14, a los 15 te decidís. Si lo hacés más tarde, te habrás perdido algo del ser travesti ¿Vos recordás alguna escena de la infancia?


-¡Me vestía de mujer desde el jardín de infantes! Tenía la necesidad de hacerlo todo el tempo y no me importaba absolutamente nada, a pesar de que mi papá cuando se enteró –las maestras lo llamaron para comunicárselo y se reunieron para ver qué hacían- no le gustó nada. Después cuando sos más grande y no sabés lo que te va a deparar la vida, parece que te fueras olvidando del asunto hasta que te pasa lo que me pasó a mí: me vestí por primera vez a los quince para salir a bailar y, desde ese momento, nunca más volví a ser la que era. Fue una experiencia increíble: me encontré a mi misma. Pero en el pasaje de la primaria a la secundaria, ¿viste que se te despierta todo? Yo me sentía que no estaba ni de un lado ni de otro, sin actividad sexual, ni femenina ni masculina. Hasta que me pasó que me descubrí como mujer.


-¡Te descubriste como mujer! En ese momento te das cuenta de que tenés poder sobre el varón


-Por supuesto. La mujer es la que de verdad maneja el mundo aunque el hombre crea otra cosa. Uno puede hablar porque vivió de las dos formas: como hombre y como mujer. Pero el comienzo fue muy duro. Yo tengo treinta años. Y cuando yo empecé con las transformaciones todavía existía el código de convivencia.


Florencia de la V es impecable, con muy buena piel y nada de siliconas. Muy delgadita. De una armonía a la que me parece que todas tenemos que tender. Porque si tuviera los caderones que tenemos algunas, no podría bailar. Le dolería el quíntuple que a una persona “normal”. En cambio con esa cinturita tiene la libertad de manejar su cuerpo a lo largo y a lo ancho. Florencia de la V recomienda la elongación porque te mantiene más joven que los deportes de fuerte impacto.


-¿Tenés noción sobre del activismo trans y la lucha por los derechos?


- Mucho no. Recién desde hace un tiempo me estoy enterando un poquito más. Pero siempre conocí los problemas que tienen todas las travestis en Buenos Aires. Aquí ser travesti es como ser indocumentado, o sea que ni siquiera te consideran argentino. Y eso es una aberración de la que la gente no toma conciencia. Uno puede tomar diferentes elecciones sexuales pero creo que el precio que pagan las trans es muy alto, porque encima la mayoría suelen ser de familias marginales, de barrios carenciados, maltratadas desde chicas; han sufrido violencia psicológica o física. Entonces salen a la calle y lo único que pueden


hacer es tratar de subsistir sometiéndose a todo ese tipo de esclavitud con todas sus consecuencias: los enormes trastornos por los implantes y las inyecciones, el HIV. Las vas a buscar al hospital y en general no sabés ni el nombre. Podés conocer el nombre “de guerra”, pero no el nombre completo. Entonces se convierten en NN. Es una cosa realmente muy fuerte.


Cuan lejana me parecía Florencia de la V a ese tipo de cosas, como visitar a las chicas en los hospitales. ¿Quiénes serán sus amigas travestis? De esas con las que debe tirarse a ver televisión y relajarse, chusmear, comer.


-Las putas mexicanas dicen que, como las travestis, no tenemos ni patria, ni madre, ni padre, ni Nación. Estamos fuera del sistema, en un no lugar. Ese es nuestro dolor.


-Claro, entonces sos ilegal en tu propio país. Claro que el caso de la maestra está sentando precedentes. Porque en general la gente se cree que una travesti lo único que quiere ser es artista en el mundo del espectáculo. Y la verdad es que no creo que esa sea la expectativa de todas.


-En la construcción de un futuro, ¿vos ves que esto está cambiando? Si es así, vos sos una parte importantísima ya que la gente al menos te ve en la tele y te conoce....


-Saben que hay travestis, que existimos. Yo hace diez años que trabajo en el medio y la gente me incorporó. Y es más: creo que no me ven como a una travesti, me ven como a una artista como cualquier otra. No dicen “la travesti actriz”. Eso habla muy bien de la Argentina. Porque en otros países, sobre todo en Latinoamérica, eso no sucede. En los últimos años la gente se está volviendo más tolerante.


-Cuando con Lohana Berkins fuimos a ver tu espectáculo, en la fila de adelante había una pareja mayor. Eran del Chaco, de tu provincia. Y cada vez que vos intervenías, buscaban nuestra complicidad: se daban vuelta a reírse con nosotras, orgullosos de que seas chaqueña. ¿Qué te produce todo esto? Que te conozca y te admire gente de distintos sectores.


-A mí me pasó algo que le habrá pasado a muchas: me habían dicho que la vida que quería encarar era muy difícil, que nunca iba a llegar a nada. Pero esa frase me debe haber dado más fuerza para luchar porque pensé: “Yo le voy a demostrar a todo el mundo que sí ¿por qué no?”. Te juro por Dios que eso es lo que me movilizó y lo que me llevó a alcanzar el lugar que alcancé. Y lo hice sin dejar de transmitir mis ideas, de expresarme de la manera en que yo quería hacerlo desde siempre y logrando que la gente me aceptara. La aceptación es una cosa increíble, que no se paga con nada en el mundo. Yo no puedo creer lo que logré: Soy puto, travesti y una artista consagrada que es querida por la gente. Es un orgullo para mí poder vivir de lo que amo, de la profesión que me ha dado todo. Imaginate cómo estoy: feliz de la vida. Tengo trabajo, salud y una persona a la que amo y con la que estoy desde hace más de 10 años. ¿Qué más puedo pedir? Tengo que dar gracias a Dios por cada función, por llevarme bien con mis compañeros –yo quiero que siempre haya un clima de buena onda-, por cagarme de risa en el escenario. La vida es una celebración constante. Tengo problemas como cualquier persona. Están, se solucionarán o no ¿viste? Creo que lo único que no tiene solución es la muerte. Por lo demás, no hay que hacerse drama por tanta cosa. Hay que vivir y tratar de disfrutar los momentos lindos. Porque yo viví en un ambiente así -hace gesto de un espacio pequeño-, donde solo cabía una cama y apenas podía vestirme y cerrar la puerta y allí fui completamente feliz muchos años de mi vida. Porque era mi mundo y eso no pasa por lo que uno tiene sino por disfrutar las pequeñas cosas.


-Me parece que lo que vos le ofrecés a la gente es la posibilidad de que piense que el mundo es libre. Por ejemplo, Florencia de la V dice “me voy a casar” y es mentira, no se casa, hace una fiesta. Pero para todos, simbólicamente, se puede casar.


-Es increíble lo que uno consigue. Fue sin querer, porque es una cosa que me vino como de la mano. Es como decir que a pesar de que uno es diferente puede hacer otro tipo de cosas. Y ese pensamiento ya se está instalando en el mundo entero. En Estados Unidos hay muchos travestis que trabajan de miles de cosas inimaginables.


Claro, Florencia de la V dice “me caso” y todo el mundo tendría que decir “¿cómo? si no existe el casamiento para las travestis, la Iglesia no lo admitiría”. Pero eso no le pasa por ser Florencia de la Vega. Las travestis, por irracional que parezca, lo que fantaseamos lo hacemos. Si decimos “voy a ser mamá”, nos convertimos en mamá. Si queremos ser chef, no empezamos con “¡ay cómo me gustaría ser cocinera! Lástima el precio del curso, que no tengo dinero a mano. La travesti te trae una tostada, le pone un poco de manteca y dos hojitas de albahaca, y vos en el rancho te comiste un canapé. Una travesti te convence de que pasó porque primero se convence ella de que está en un horario principalísimo en el canal Gourmet. En esa radicalidad de hacer lo que quiere reconocemos a Florencia de la V totalmente travesti.


-¿Qué no podrías soportar que suceda en el país?


-Otro proceso militar, creo que no podría soportar.


-¿Tenés conciencia, una noción clara de lo que fueron esos años?


-Sí, sí, la verdad que si.


-Pero sos más chica.


-Soy muy chica, tengo 30. Pero igual, por suerte, tuve la posibilidad de leer, de estudiar y de saber que nunca habrá más de eso en este país ¿no? Porque a pesar de todo somos muy democráticos. Los argentinos nos podemos expresar, tenemos la oportunidad de hacer una protesta, salir a la calle y ser libres.


-Bueno te hago unas preguntitas, así como de ping pong...


-Dale, dale.


-¿Mirtha o Susana?


-¿Mirtha o Susana? Las dos, porque son personas importantes y creo que yo me identifiqué mucho con ellas cuando era chica. Si soy esto es por Susana y por Mirtha. Yo las veía y me encantaban. Ellas tienen mucho que ver en todas nosotras, las que nos quisimos hacer mujer.


-¿Una noche bizarra o un almuerzo paquete?


-¡Una noche bizarra a morir! Las dos cosas, en realidad, pero las noches bizarras no se pagan con nada. Me encanta divertirme. Creo que cuando era anónima quizás me divertía mucho más que siendo conocida. Porque ahora siento que estoy siendo observada todo el tiempo. Y uno es más natural cuando no lo observan. Claro que me desacostumbré a pensar que me están mirando pero me debo frenar en cosas que, cuando era una desconocida, liberaba un poco más.


-¿Pantalón o pollera?


-Yo amaba la pollera pero los 30 me agarraron muy pantalonera. ¿Me estaré volviendo torta? Creo que ahora uso mucho pantalón porque ya no siento que tengo que afirmar que quiero ser mujer. Cuando una empieza, una pollera es lo que más te identifica con lo femenino y el recurso se termina agotando. Pero cuando estás ya totalmente decidida te ponés pollera o pantalón y ya nadie te saca la feminidad: ser mujer te sale por los poros.


-¿Cuáles son tus libros preferidos? ¿Te gusta leer?


-Oscar Wilde me gusta mucho, mucho. Además me encanta su historia. Es que a mí me gustan mucho las biografías. Y empecé por la de él.


-¿Películas preferidas?


-Ahora estoy disfrutando mucho el cine francés, no porque me haga el intelectual ni mucho menos, sino porque tiene mucho humor. También me gustan las comedias románticas de Hollywood. Pero la verdad amo todos los géneros. Disfruto hasta de la ciencia ficción. Me gusta ir al cine sola por la tarde.


-¿Viste “Mi vida en rosa”?


- ¡Esa fue la película que me llevó a ver cine francés! Sentí que me reflejaba como homosexual. Además está recontra bien filmada. La dieron en el Cosmos y no lo podía creer.


-¿Qué te conquista de un hombre?


-Cómo me encara. Me gusta el hombre seguro. Que me hable de algo que haga que yo me interese por él...


-¿Cuáles son tus placeres preferidos?


- Mi hobby es salir a comer con amigos. Yo me cuido, pero me comería una pizza entera si pudiera. Odio la gimnasia, me deprime.


-¿Qué perfume usás?


-Me gustan los dulces, frutales pero no muy empalagosos.


-¿Color?


-El azul marino, es un color muy chic.


-¿Campo o ciudad?


-Las dos cosas.


-¿Auto o moto?


-Moto. Los 30 me pintaron motoquera.


-¿Salir en pijama o ir de compras a un shopping?


- Depende. A veces me gusta salir a comprar pero también me encanta estar en pijama todo el tiempo.


-¿Reality o ficción?


- Ficción. Pero si reality llamás a “Bailando por un sueño” también me gusta.


-¿Sos adicta a “googlearte”?


-No. Ni miro las revistas. Simplemente escribo, tengo una columna en la revista Paparazzi. Tampoco tengo página web.


-El casamiento ¿de blanco o negro?


-Puede ser de blanco, pero no de blanco “Ala”. No me gusta el blanco crema chantilly barato. Tiene que ser un color más natural ¿viste el jazmín? Un blanco así, tiza. Y como flor me gusta la orquídea blanca, que no sé cómo se llama.


-La idea de El Teje es crear nuestra propia historia, para terminar con la idea de que las travas solo podemos prostituirnos, que no podemos nada más.


-Tal vez utilizan la prostitución para conseguir afecto, un abrazo, que para una travesti es tan difícil. La idea es que sepan que hay otras posibilidades de vida, que no es cuestión de encerrarse creyendo que es lo único que se puede hacer. Saber que tienen derecho.


-Y vos sos el paradigma de que se puede hacer otra cosa.


-Y si desde ese lugar puedo aportar algo, será un placer.