Sociedad & cultura

Sociedad & cultura El Teje Nº6/2010

En el país de la Pais

Por Marlene Wayar, foto por Marieta Vazquez

En el país de la Pais

Ernestina vive en un cuerpo a cuerpo con el mundo, y esta vez se topó con Marlene. En la terraza soleada de la pro¬ductora, con las caras lavadas, pasaron de los despareci¬dos a las botineras de Cristian Sancho para estrujar las irreverentes posiciones de la risa.

Ernestina nos citó en Cuatro Cabezas terminado el programa de radio. Las 2 de la tarde de un miércoles de junio soleado, cálido y luminoso, camino diez cuadras reu- bicándome mentalmente frente a ella. Seguridad, living, pantallas gigantes con MTV. La productora me dice que ella está lista y me aguarda en la terraza. Escalera de chapa industrial, y en efecto ahí está, sentada al sol, relajada, con verde y mucho cielo azul en una terraza como de bar. Encandilada, busco las gafas.


Dice que está contenta, aunque muy cansada de volver a tener una rutina que le exige levantarse a las cua­tro de la mañana y con un esfuerzo extra de concentra­ción, ya no acompaña a otrx en un programa de radio: ahora es la cabeza de su programa en radio Metro. Que putea cuando alguna noche tiene ganas de tomarse un vinito o una cerveza y piensa en la mañana siguiente y el imperativo de levantarse y enfrentar la conducción. Para ello le es indispensable respetar la siesta, ya no es una pendeja como otrora, dice, cuando comenzó la carrera como la notera de La Biblia y el calefón, sumada la mater­nidad que "te exige una atención especial"


De su recorrido junto a Jorge Guinzburg que comenzó con La Biblia... era la que abordaba a la gente en la calle con temas "zarpados',' pero luego abarcó la radio y la TV, y un quiebre marcado en el final por Mañanas Informales, un programa que apostaba a conquistar un horario poco explorado y lo consiguió. Después del éxito, pasó todo el último año del programa sosteniendo la audi­ción sola, mientras lo duelaba a Jorge que le había dicho alguna vez: "Te voy a exponer a situaciones extremas' Nunca tan anunciado.

‘No entiendo, sobre la feminidad también hago chistes todo el tiempo, estoy corrida del ideal de mujer. ”

En CQC enfrentó un movimiento que parecía impensable, correr lo icónico de un producto cerrado y de culto que se resumía en la cara y la voz de Mario Pergolini e implantarse ella. Se travistió Caiga... y su versión gana. Me quito las gafas. A esta mina hay que mirarla a los ojos, me digo. Y en sintonía, ambas nos corremos, ella buscando la sombra de la tapia para que yo con el sol a mis espaldas la mire.


Nos habíamos encontrado en muchos lugares con Ernestina, unos concretos como el Gondolín, donde ella estuvo en 1997 para una muestra de fotos. Otros como Mañanas Informales, invitadas a hablar de El Teje, con Diana Sacayán y La Menstrual. En La Villa Gay, detrás de Ciudad Universitaria, donde yo anduve y ella estudió arqui­tectura. Coincidiendo en tiempo y espacio o en tiempos diferentes. Pero hay una topografía, en algo común. Y hubo otros espacios conceptuales en sus (escapadas) huidas, en el tener que estar en casa, o tener que dormir, en el tener que cocinar o en el tener que tener otro hijx, en defi­nitiva del tener que acatar. Se dice mujer corrida y yo estoy corrida del todo y en ambas el correrse es buscado. Estoy tentada de titularla Trans, pero sería una imposición, que quede para la próxima.


—Tu hijo tiene 5 años, ¿metabolizaste? ¿En qué te ha enriquecido?


—Mi maternidad fue un hecho claramente elegi­do. Por como venía, las relaciones que tenía, los hombres que me gustaban, pensé que no iba a ser madre jamás. Hasta que conocí a Alejandro y ahí cambié totalmente y la maternidad fue un hecho natural en mi vida. Que siguió siendo la misma, pero con otro sentido. Yo trato de no entender la maternidad como una cuestión que te apresa, un hijo viene y se adapta a la vida que una tiene y una se adapta a ser madre. Me cuesta entender a las madres que tienen hijos y se quejan todo el tiempo porque tienen que ser madres. A mí me decían: "Ya es tiempo del segundo'. Pero yo estaba agotada, seguía trabajando, no me iba a imponer un segundo embarazo sólo porque había que tenerlo. Y lo disfruto mucho, para mí es un com­pañero... Intento que no dependa de mí todo el tiempo. Cuando Benicio tiene miedo de algo, yo siempre intento sacarlo de ahí porque me parece que la mejor manera de educar es no hacerlo dependiente. Una, en algún momento, no va a estar. Pero lo único que tengo en claro es que lo que no se reemplaza con nada es la falta de amor.


Ahora hay un debate sobre: "un hijo tiene que crecer en el seno de una familia con un padre y una madre" Esto en relación puntualmente con la cuestión gay.


—¿Y qué pensás?


—Y yo flasheo porque digo: yo no tuve padre, ¿qué hago? Seguramente el ideal sea que esté en el seno de una familia, ahora, ¿qué familia? Si es de amor no me importa como esté constituida, yo sentí la ausencia de un padre en un montón de aspectos obviamente porque cuando no está, no está. Pero no encuentro el agujero en ser criada en una familia monoparental, porque la verdad mi mamá se ocupó de darme todo el afecto y la conten ción que yo requería. Mi hijo si pasa por la cocina y me ve con delantal puesto, me pregunta si pasa algo malo: "¿Qué pasó —dice—, se murió alguien?" Cada una tiene su manera de dar ese afecto, ¿no?


—Lo peor de todo es la ingenuidad de quienes se pretenden perfectos.


—Yo trabajo muchas horas, mi situación exige un hombre diferente al promedio, que entienda, que compar­ta y que sea un padre presente porque si no mi hijo se hubiera criado con una empleada, de haber tenido ese tipo de matrimonio.


—Vos fuiste fotógrafa. ¿Qué te interesa mirar desde ese perfil?


—No estoy muy contemplativa, debo estar muy cansada. Pero me llaman mucho las imágenes, yo leo los diarios de dos maneras, leo el texto y miro el diario y muchas veces habla mucho más que el texto. La gente me encanta, amo las manifestaciones populares en todas sus formas. Yo no acepto, no reconozco ninguna autoridad sobre mí, tengo un problema grave con la autoridad, no reconozco ni la autoridad de mi madre sobre mí. Cuando yo era chica, en mi casa había esas persianas que se bajan, que son de madera y que se enganchan y no las podés levantar y yo tenía un sistema que bajaba la persia­na y no enganchaba, entonces podía levantarla con un palo de escoba y me escapaba, me escapaba, ¿para qué?, ¿para ir al boliche? No. Me escapaba y me colgaba a hablar con la gente que estaba despierta a esa hora: quiosquero, barrendero, siempre me gustó eso, son cosas que me quedaron para mí, son situaciones que yo vivo que tie­nen que ver con mi interés. Soy una persona bastante soli­taria, con una actividad que me lleva a estar con mucha gente y cuando no estoy trabajando puedo estar mucho en mi casa o teniendo conversaciones con gente que ni conozco, es una de las cosas que disfruto mucho, el con­tacto con la gente, mirar.


—En este momento hay una cuestión a partir de CQC y Cristian Sancho, su personaje en Botineras y el test de heterosexualidad que le hicieron ustedes. En la comunidad gay ardió Troya.


—No entiendo, sobre la feminidad también hago chistes todo el tiempo estoy corrida del ideal de mujer. Ojalá todos nos corramos de lugar. Tengo cosas masculinas desarrolladas y los hombres tienen cosas femeninas des­arrolladas; es un chiste y no modifica en nada lo que pasa con la sexualidad de nadie. Era una ironía sobre la hetero­sexualidad, porque claramente es imposible que un hom­bre sea hombre por eso o deje de serlo por otra cosa. El día que nos podamos reír un poco más de todo eso vamos a poder estar más libres e intercambiar cosas más fácilmen­te. No soy de esas que dicen: "tengo un amigo gay" por­que creo que el 90% de mis amigos lo son: yo soy un puto. No podemos perder el sentido del humor. Del lugar común de las minas, me río todo el tiempo; del lugar común de los hombres me río todo el tiempo. No sé, viste que los hombres tienen como esos silencios, esos momentos cuando callan. Y a mi novio le digo: "o estás callado porque tenés mucha vida interior o no tenés nada interesante para decir" Creo que lo que ocurre con la comunidad gay, en algunos casos es eso: han sufrido tanto que hoy no se permiten reírse y eso es porque en algún momento fue grave y es grave que a un chico se le ocu­rra decir: Papá, mamá, soy gay. Hoy en día todavía es una cuestión difícil para mucha gente, pero yo no me hago cargo de esos enojos porque tengo muy claro el respeto por todas las condiciones, no sólo la gay, me molesta mucho el estereotipo femenino televisivo. La mina en tele­visión es muy maltratada, los estereotipos son un bajón. O sos una mina que no coge nunca, detrás del escritorio de un noticiero, o sos un gato mostrando el orto.


—Nosotras trabajamos la idea de la des-iden­tificación y de la expropiación también de los roles, actitudes y labores, de todo.


—Yo nunca cociné, todos mis novios cocinaron maravillosamente, yo estaba tirada en la cama, y ojo, estoy muy agradecida de que me hayan cocinado. Soy re buena comiendo y no me siento fuera de rol femenino porque yo no lo haga. También discutíamos con Bazán, y me decía: "¿Por qué no mandás a otro a hacer trámites?" Porque a mí me gusta ir y discutir con el de la AFIP Como si yo le dijera: "¿Por qué no mandas a otro a comprar ver­duras?" Detesto ir a comprar verduras, a mí no me metés a una verdulería ni encañonada.


—Esto de escaparte, por ahí leía que no tenés buena relación con el psicoanálisis, con el diván.


—La verdad es que no la tengo. Está sobreva- luada. No todas las personas somos analizables, hay mil técnicas para abordar la psiquis desde el juego hasta el psicoanálisis mismo. No me gusta la auto-justificación continua que hace el psicoanálisis sobre los actos de mierda de una. Una tiene actitudes de mierda y no es justificable. Yo tengo una alta autocrítica, después refle­xiono con las cosas que hago y digo: todo el tiempo estoy siendo evaluada. Yo hago un chiste sobre la hete- rosexualidad y salta un montón de gente y yo no es que descreo. Miro, leo, me entero, a veces me angustio, a veces no, pero trato de tomar medidas para mejorar. En general, aprendo mucho del contacto con la gente, creo en el auto análisis y el escarbar dentro de mí no me da miedo. Yo no quiero hacer apología de las drogas, pero creo que hay un montón de maneras para conocerse y que lo importante es eso, no temer a las partes oscuras de una, enfrentar esas partes. Lo sentía con las parejas, elegía personas que me mostraban tal costado y empe­cé a elegir personas que me aportaban, no personas que me enfrentaban a lo peor de mí. Enfrentarse, al revés, a veces exacerbarlo y llevarlo al extremo y delan­te de todo para ver. ¿Por qué? Trato de no ignorar mis peores partes, aceptarlas, yo no temo la discusión con otros, voy hasta el final. No digo: "Está todo bien" y me quedo con todo. Fui educada en una familia donde todo se decía, absolutamente todo.


—¿Ves que el humor es una de esas posibilida­des, eso le proponés a la comunidad gay-lésbica?


—Ya van a poder reírse de todo esto: cuando las heridas no cierran es imposible hacer bromas. Yo lo pongo con la temática desaparecidos que es algo que a mí me toca directamente. Sabés que no podés hacer un chiste y yo me la paso haciendo bromas sobre el tema. Ya lo tengo muy asimilado. Sé lo que gané y lo que perdí. Y me permito hacer determinadas bromas, que yo noto que a muchos compañeros míos todavía les cuesta, y eso tiene que ver con haber cerrado el tema, con haber salda­do. Mientras sigan existiendo deudas con la comunidad gay, tan hirientes como ser menospreciados una y otra vez, me parece que cuesta todavía poder reírse de eso, pero seguramente va a pasar, el humor es haber entendi­do un problema, haberlo sintetizado de tal manera que termina siendo un concepto, que el problema se enten­dió, se analizó y se incorporó. No podría generalizar: hay gays que se cagan de risa de las situaciones y otros que no. Hay gente muy distinta, tiene que ver con cómo lo han vivido. Como comunidad entiendo que tengan que pararse sobre sus piernas y ponerse muy duros porque todavía hay conceptos muy jodidos.


—Nosotras, travas, tenemos como una posi­ción intra y otra extra comunitaria.


—Sí, hacia afuera es un poco mas dura y hacia adentro es un poco más relajada.


—Por ejemplo: fuimos al Congreso el día de apoyo a la Ley del Matrimonio pero en realidad ni fu ni fa, porque no tenemos acceso a la educación, la salud, el trabajo y la vivienda entre otras limitaciones de derechos. Todavía no han sido puestos en crisis los padres que te tiran a la calle con 13 años, cosas que nosotras vemos como prioritarias.


—Por eso digo, matrimonio todo bien. Ahora, hay cosas mucho más graves previas. Lo que importa es lo que pasa día a día: que no consigan laburo por ser maricas me parece mucho más grave. El trabajo, la educación, ¡¡¡la salud!!! Realmente fundamentales que hacen al ser humano, hacen a la persona. Yo estoy totalmente de acuerdo con eso.


— ¿Entendés la sexualidad como algo difuso?


—Ojalá lleguemos a esa instancia. Que siendo hétero, que alguna vez te pueda gustar un hombre o una mujer, según lo seas. Entender la sexualidad como una cuestión un poco más móvil.


—Más de tránsito y situacional.


—Te enamoraste de una persona, y que digas: "Mirá lo que me pasó" Yo sé que soy una fantasía de un montón de lesbianas, y no me jode. Yo he tenido debates con parejas amigas lesbianas que se casaron, han tenido hijos, que antes me decían: "Con eso me obligás a que te rompa la boca" Ahhh, machista. Luchaste tanto por la igualdad y me hacés el comentario que me haría un tipo, es un bajón: yo me merezco que me toques el orto por­que uso una mini. Hay que entender que todos podemos tener miradas discriminatorias, aun siendo parte de una supuesta minoría discriminada. Estaría bueno que llegue­mos a cierta madurez, que yo no la tengo seguramente. Ser todos más libres. Menos prejuiciosos.


—Las personas deberíamos dejar de identifi­carnos políticamente con las categorías hombre- mujer. Digo Mirtha, Susana, Videla, son hombres y mujeres perfectos.


—Claro o desde otro lado: Susana es una traves- ti, tiene tetas, culo hecho, extensiones, no hay en Susana nada que sea natural. Son los mimos recursos, estamos llenos de estereotipos. ¿Qué es Susana? Un estereotipo de mujer por los recursos a los que apela para la femini­dad, porque una mujer no se define por eso, y el hombre no se define por lo otro y ojalá sea difícil de definir.


—¿Tenés una imagen de las travestis más allá de lo que te brindan los medios que son Flor de la V o la Lobato?


—Conocí por mi trabajo, por mi vida, muchas tra- vestis diferentes, tantas como las personas mismas. La verdad es que si me dicen: "¿Cuál es el modelo de travesti?" no tengo uno.


—Hay un modelo social que es la prostituta y arraigado por un hecho real y concreto: 95% de nosotras está en situación de prostitución.


—Conozco a Lohana, he trabajado con ella. He visitado, porque un amigo expuso ahí, el hotel famoso, hemos estado ahí, me saqué fotos con la que había salido Miss Travesti 2007 creo, que era igual a mí (N. de la R.: Mónica León). ¡¡¡Divina!!! Yo le decía: "Hija de puta, sos igual a mí, mejorada". Tenía rasgos aindiados, pero divina. El culo parado, divina. He conocido por mi trabajo a Alejandra, de la CHA, he conocido tantas diferentes que no te podría decir que se parezcan. Bueno, Flor es una de tantas y tal vez la menos representativa porque además tiene otros ítems, tiene laburo sobre todo.


—¿Qué te parece el marido de Flor? Digo sin conocerlo: es un corajudo.


—Sí, sí, un tipazo. Es el claro ejemplo, después del cual no podés decir: "no me va a pasar tal cosa" Un tipo con dos hijas, un genio, bajo perfil, tampoco está usando esta situación... La súper acompaña, esa pareja me parece genial.


—Sacándola de la lógica del espectáculo y de las negociaciones que tiene que hacer Flor, su casamiento para Argentina fue real y en realidad hizo una fiesta.


—En definitiva, el casamiento es una celebración entre dos personas. Para mí, casarse con papeles es un incordio: mirá que le vas a decir a alguien que no conocés, que le prometés que le vas a ser fiel, y no sé qué. A lo mejor el tipo es un corrupto, un trucho, se coge pibes, o no sé qué. Ni siquiera si vos lo vas a poder sostener. La unión de dos personas en el festejo, me parece divino. La celebración del amor la haría todas las semanas.


Ernestina se va a dormir su siesta y yo camino a la computadora a desgrabar, vuelvo a las gafas.