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Biografías

La Trava

Por Marlene Wayar

La Trava

¿Cuál es El Teje, Marlene?


Preguntaban las chicas y yo misma no sabía responder(me) esa pregunta. Solo tenía una palabra; Oprobio, escuchada en un abrazo hondo de Cristina, tirada en el baño de la pensión y salpicada toda entera de sangre con un ladrillo entre sus manos que no podía soltar, muchas veces tuve que llamarla por su nombre, hasta que por fin me miró a los ojos saliendo de esa hondura donde se hallaba y dijo sólo eso a mi pregunta por lo sucedido – Oprobios, Marlene, me llenó de oprobios- estalló y le dio su merecido. 


Estamos en lo Oprobioso para un país que no nos entiende en otro sitio que las cloacas, somos identidades cloacal izadas, al decir de la Lohana Berkins. Entonces El Teje era hacer un producto que dé cuenta de esa ignominia y la maniobra cínica  de la heterosexualidad que nos ubica en lugar desde niñas para luego juzgarnos y condenarnos por estar en ese lugar, una vez cumplida la edad de punibilidad. Hablar de nosotras y nuestras experiencias, del lenguaje y sus signos, “Mamá” ¿qué de falso hay en sus modos heterosexistas de signar? ¿Cómo significamos nosotras esos mismos signos/palabras? ¿En qué contextos ponemos cada texto? al contar de nosotrxs y nuestras experiencias ¿Cuánto contamos del contexto? ¿Qué develamos del contexto? ¿Dónde nace eso oprobioso?


Quedé en el sitio Trans entre jefa de redacción y docente y no puedo dar acabada cuenta de lo vivido en ese sitio de privilegio. En el ojo del panóptico, de ese juego de interacciones, del esos cuerpos escuchando con atención y espanto, esas bocas comprimiendo argumentos en contra y abriéndose a la carcajada sin red, esos encuentros tensos entre años de distancias Malva con sus pausados 90 años y la Sacayan con sus apurados 30, los epilépticos veintes de travas y los tímidos veintes de los chonguitos trans o los atildados 50’s de los varones trans más formales. Todos esos ojos desorbitados cuando vieron el primer número materializado, tan grande, tan colorido, tan real entre sus manos. El ímpetu por ir por el segundo después de todas las dudas que precedieron al proyecto. Ver como se iba perfilando una historia propia en la gran historia que la humanidad se miente.


El Teje fue tomando claridad; ir al encuentro de las flores, mirarlas florecidas en esa mierda y preguntar cómo metabolizó esa flor semejante espanto, visibilizar esas estrategias solitarias y colectivas, exitosas y fallidas para intentar enseñarnos al interior de esta nostredad que construimos cómo sobrevivir en este estanque de haces que lo heterosexista supo construir, cómo extraemos nutrientes para insistir con la sonrisa.