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La Boga

Por Paula Viturro

La Boga

Era el año 2005 o 2006, yo coordinaba la flamante área de Tecnologías del Género en el Centro Cultural Rojas. Un día mi amiga Marlene Wayar me llama, quería que charlemos un proyecto. “Las travitas necesitan expresarse, son chiquitas, 15 o 16 años. A esa edad yo no tenía espacios donde desarrollar mi creatividad, hagamos algo. Puede ser ligado a la danza, todas quieren ser como Britney Spears, bailan que ni te cuento pero hay que apoyarlas para que puedan armar su discurso, complejizarlo, expresarse con mejores herramientas que las del mainstream”, me dijo Marlene. Yo conocía una bailarina joven, muy grosa y especial dentro de la danza contemporánea. La llamamos, se entusiasmó, quedó en pensar algo. Nosotras también nos entusiasmamos.  A las semanas nos llamó para decirnos que le parecía genial pero que no se animaba, que sentía mucha responsabilidad, que no sabía si iba a poder con esa demanda. Nos volvimos a juntar con Marlene, luego de un rato de charla le dije: “sé que nada que ver, pero María Moreno coordina el área de comunicación, ella es arriesgada, se va a copar si le vamos con un proyecto, pero tendría que ser algo de su palo”. Así surge lo que sería El Teje, a partir de reuniones improvisadas, de la gran experiencia que traía Marlene para hacer mucho con poco, una cena para 10 “con dos papas y una cebolla” como decía Lohana Berkins. Surge también de la paciencia. La paciencia para surfear los cambios institucionales, para esperar la llegada partidas de financiamiento escaso, y en especial la paciencia de María; de Emilio Ruchansk; Alejandra Dandán (quienes acompañaron la tarea editorial en diferentes momentos) y de Ezequiel Black (a quien le debemos el arte que supo distinguir al Teje) quienes aprendieron a vivir al compás del ritmo de trava. Ese en el que una cita a las 15h.  se concreta a las 18 porque en el medio hay que juntar la plata para el colectivo, o esquivar a la cana o pasar por una marcha convocada espontáneamente una hora antes sin posibilidades de avisar porque el crédito del celu alcanzaba para recibir llamadas no para hacerlas. Como a Britney, nuestra musa, en estos años nos pasaron muchas, muchas cosas, incluidas la muerte de Lohana y el travesticidio de Diana Sacayán quien supo narrar la violencia como nadie.  Pasaron también cosas maravillosas, surgieron nuevas oportunidades, el Teje generó su propia diáspora como señala María. Aquí queda el registro de esa experiencia maravillosa, que esperamos llegue a quienes no conocieron El Teje impreso, magnífico, gigante, visible, sin armario posible.