Editorial

Editorial El Teje Nº1/2007

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Por Marlene Wayar

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El Teje es una suerte de espejo. Les cuento: resulta que una niña oscura -de esas que se aburren de su maestrita tonta- pensó en sacudir la ciudad al extremo. Primero se recibió de doctora en leyes (boga) como si nada, pero leyendo otras cosas bien diferentes aparte de los voluminosos libros de abogacía que leía por obligación. Así, se hizo de un sitio en un centro cultural. Pero si bien ya no se aburría, todavía se sentía curiosa y tenía ganas de ir por más.

 

Entonces oteó el horizonte urbano. De entre todos los raros especímenes, le sonrió a una travesti que, aburrida de tanto necio devenido demócrata, indagaba acerca de cómo contactar a una organización terrorista con objetivos bélicos (¿quién iba a sospechar de una travita?). Su idea era reventar burgueses a rabiar por cada una de sus amiguitas humilladas.

 

La boga se restregó las manos, le explicó la idea de un espejo que reflejara cada imagen sin el filtro de sentido común argento básico, y que mostrara una imagen travestida.

-¡Ajá! ¿Y cómo sería? –preguntó la trava.

-Mirá, yo hablé con una profesora un tanto tocada, pero la mina es una genio y está aburrida de tanto pretendido progresismo cultural vacío de sentido. Se quiere divertir y estaría dispuesta a moldear con tu cerebrito travestido este espejo que traduzca las imágenes más comunes en bizarría al cien por ciento.

-¡Así que yo pongo el cerebro eh! Y entonces, ¿qué? ¿Quedo descerebrada?

Mi idea era ser terrorista pero no kamikaze.

-También podés buscar a otras travas y usamos todos sus cerebros, no sólo el tuyo.

Porque la verdad es que sí, quedan descerebradas.

-Ok, pero ¿sabés la diferencia entre una travesti y una doña Rosa?

-Decímela vos.

-La ropa interior. Las travas están igualmente domesticadas.

-Bueno pero eso no importa porque el espejo usa del cerebro lo que percibe desde los sentidos, lo inconsciente, sus fantasías, todo. No sólo lo que piensa ¿Entendés?

-Entonces ¿por qué no mezclamos distintos cerebros?

-A ver, mi tesis es esta: lo que percibís como trava no es lo mismo que lo que percibís como hombre o mujer. Eso lo intenté con feministas, marxistas, obreros. El resultado es lo mismo: aburrido.

-¿Y si nos descubren vamos en cana?

-¡No! ¿Quién demuestra que una travestida ya no tiene ideas? No hay modo, no está legislado. Ergo, no es delito.

-¡Manos a la obra!

 

Y entonces nos embarcamos en algo que nadie debía saber. Para eso nos hicimos de un dialecto con total impunidad: el de las travestis. Así nos metimos la genio loca, la boga con su espejito y la travestida (yo), harta de ahogar resentimientos. Como nos cagamos de risa tanto, decidimos publicar los resultados.

 

-¿Título? -preguntó la boga.

-El Teje -respondió la genio.

¡Sí! -dijo la trava. Es una palabra todo terreno, lo que no se dice, lo oculto, lo que se trama, lo ilegal, lo sobreentendido.

Entonces una amiga dijo: “La gente es tonta, no se da cuenta. Dibujálo como proyecto; hacé la editorial cero, yo lo presento a ser financiado. ¿Qué dirías?”.

Y entonces...

 

El Teje nace del encuentro institucional entre el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, uno de sus ámbitos educativos (el Área de Comunicación, o la profesora tocada) y otro militante (el Área de Tecnologías de Género, o la abogada aburrida), con un colectivo social (las travestis, o la travesti ex terrorista). Su objetivo principal: dar voz a través de la palabra materializada y con cierta sistematización al silencio social histórico del que somos víctimas las travesties y transexuales.

 

Porque el silencio, lejos de ser inmaterial, se traduce sobre los cuerpos en dolor, desaparición y muerte. El silencio es parte de una acción del sujeto: no pronunciar sonido. ¿Por qué esta negación? Nada hay de ingenuo y casual en las acciones de las personas humanas: si alguien calla es porque otro así lo quiere. Si hay un acto de conciencia silencioso, es porque se han operado en el sujeto formas imperativas de quererlo callar.

 

Según los libros de historia y antropología, las travestis del sur del mundo hemos hablado hasta en la Conquista. Allí dimos los primeros gritos de terror, bajo las fauces de hambrientos mastines que, por orden de la Santa Iglesia Católica, los conquistadores arrojaron sobre nosotras. Ellos nos juntaron, nos expusieron a la humillación, nos demonizaron y nos dieron a devorar luego de sentenciar: “pecado nefando”; es decir, pecado que no se dice (otra vez el silencio). Hay un nuevo Dios, verbo, verdad, poder. ¡Tengan temor!

 

Desde entonces, somos la presencia que persiste y a la que se le impone silencio, temor y culpa. Desde entonces, sólo gemimos de dolor. Echadas de los hogares cálidos, lejos de la blanca educación, sin labor digna, sin cobijo techado, sin alimentos de la Pacha Mama, sin atención de nuestra salud, lejanas de las plazas céntricas, sin juegos, sin calor, sin amor.

En ningún sitio el sexo nos cobijó. De semen nos hemos alimentado y el semen también nos mató... Pero persistimos resistiendo como cualquier semilla, germinando como cualquier flor, con apenas tierra, con nada de agua, con muy poco sol. Así, ásperas, rudas, solitarias, sobrevivimos parecidas al girasol. Y tanto desamparo ha hecho que nuestra mirada estuviera siempre en la distancia, a la que creíamos salvadora. Entonces comenzamos con los éxodos, huyendo del maltratador hacia otros cielos urbanos, hacia la oscuridad que imaginábamos protectora. Y así mutamos a carnívoras, a noctámbulas. Nos olvidamos del sol y a oscuras nos han mirado y nos han dado el amor de bajas pasiones, de complicidades perras… ¡Lo peor!

 

Pero hartas de soledades, de hospicios psiquiátricos, de cárceles, de desamor ¡añoramos tanto el sol! Ya llevamos alucinadas medio siglo por el grito que dimos en Stonewall. Ahora queremos sol de verdad. Y no queremos callarnos más.

 

YA COMENZAMOS A CONSEGUIRLO. La matriz sudaca nos multiplicó para embestir furiosas las puertas de la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí hicimos carne nuestra voz: NO SOMOS “OTRAS”: SOMOS ¡NOSOTRAS! ¡¡¡VECINAS COMO VOS!!! Entonces vimos el sol y mutamos el silencio. Ahora vamos a tener una voz para todas. Se llama EL TEJE. ¡Vengan maricas latinas! ¡Gritemos desde el sur del mundo! ¡¡¡Aturdámoslos!!!

 

¡INVENTÉMOSNOS LEJOS DEL HOMBRE QUE NOS IMPONEN Y LA MUJER QUE DELIRAN QUE PRETENDEMOS SER! SEAMOS OTRAS TRAVESTIS: LAS/OS INVITAMOS A SER CON NOSOTRAS

 

¡Nos declaramos abiertamente partidarias del error, la falla, el caos, la heterogeneidad y la contingencia humana! ¡No nos impongan su perfección, no queremos su noventa y nueve por ciento de acierto, no nos organicen el caos por el cual se sienten cosmos, no vamos a cooperar con su paradigma de homogeneidad que ocasiona enfermedad psíquica, social, política, económica y cultural! ¡Enfréntenlo! Se equivocaron siempre. No hay molde para el ser.

 

¡LOS VAMOS A INFECTAR DE ARTE DE SER!

 

La profesora: “¡No! Te fuiste al carajo. El principio estuvo bien pero no podes decirlo así. Que no sea amenazante: es como poner en el asunto de un mail que estás enviando un virus”.

La boga: “¿Infectar? ¿Y esa expresión Blumbergiana?”.

La Trava: “Ya te lo dije; sólo la ropa interior nos separa de Doña Rosa. Y no sé hasta dónde”.

La Profesora: “Entonces vamos a tener que copiar de la Viva”.

La boga: “¡Dale! Mezclado con una revista socialista”.

 

Y aquí está el fruto (otra que el Antrax).

INGENUA/O: ¡A VER SI PODES CON NOSOTRAS!