Cuentame tu vida

Cuentame tu vida El Teje Nº1/2007

La pesada de Las Tunas

Por El Teje

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Yo vivía en Tigre, en el barrio La Rocha. Vivía con mis padres y abuelos, una familia trabajadora. De muy pequeña era mariquita. A los 9 años me enamoré de un chico que se llamaba Marcos y que andaba por los 18. Hicimos el amor, fue el primero. Asustada, llegué a mi casa y estaba llena de sangre. Mi tía me preguntó quién había sido; yo no le quería decir pero ella, siguiendo las manchas de sangre por la vereda, encontró la casa. El chico se asustó porque ella lo quería poner preso y tuvo que desaparecer.


Mi tía me curó, me llevaron al médico. Después me quiso acostar con una mujer para ver si cambiaba. Entonces me llevó a ver a una chica que trabajaba. Ella se acostó en la cama. Yo también me acosté pero no pasó nada. Yo le pedí que le dijera a mi tía que sí había pasado algo y ella le dijo que se quedara tranquila, que sí.

Yo fui la primer travesti que entró al Congreso de la Nación. Me llevó Herminio Iglesias -nunca me voy a olvidar del Negro-, que dijo: “Esta es mi pupila”, porque todos creían que yo era una mujer.

Entonces yo a los diez años me fui de mi casa porque me gustaban los hombres. Me puse a trabajar en la ruta. Pero empecé a hacer política en el barrio Las Tunas donde tuve una casita. Estaba con el peronismo. Una vez hubo un compañero que me dijo que mis ideas no servían. Yo le dije: “El que no sirve es usted porque a la casa de una mujer que tiene un marido no puede entrar, nadie le va a tener confianza. En cambio yo, por ser travesti sí puedo, porque el hombre sabiéndolo se va a quedar tranquilo”.


Yo fui la primer travesti que entró al Congreso de la Nación. Me llevó Herminio Iglesias -nunca me voy a olvidar del Negro-, que dijo: “Esta es mi pupila”, porque todos creían que yo era una mujer. Al tiempo se descubrió que era una travesti y cuando yo entré, a la semana en el Congreso todos se me vinieron encima y me dijeron: “¿Vos sos hombre o mujer?”. “Soy travesti, para ustedes soy una compañera”. Se quedaron todos con la boca abierta. Y puede ser que detrás de mí hablaran, pero jamás fui tratada como travesti.


Compañeros que siempre estaban dispuestos a decir “cuidado con el puto”, decían “escuchen a la Yanina”. La gente me empujó a la política. “Te queremos de consejera escolar con el FREJULI”, me decían y acepté. Ganamos y fui consejera escolar. Otra elección volví a meterme, perdimos y quedé en la ruina.


Al poco tiempo pude levantarme y puse una peluquería en la Ruta 9 que todavía tiene mi nombre. Y me seguían diciendo “dale que te ponemos en la lista de concejal”. Fui y perdimos de nuevo.


Después hice una convocatoria para demostrar que el poder en Tigre lo tenía yo, porque soy el eje de las mujeres y la fuerza la tiene siempre la mujer. Pero entonces no me quisieron poner en la lista porque era travesti. Tenían vergüenza de mí.


Consulté con Rodríguez Saá, que era el gobernador, y me dijo: “Compañera Yanina, usted puede ir en la lista”. Pero no. En mi barrio me querían, yo me jugaba por ellos y ellos por mí. Por eso rompí con el partido Justicialista, con la Liga Federal y con el Distrito Tigre. Quedé herida como travesti, como compañera y como ser humano.


Yanina de Las Tunas.