Cuentame tu vida

Cuentame tu vida El Teje Nº3/2008

La Mochilera

Por El Teje

Los camioneros siempre se piensan que vas a querer algo con ellos, como si todos fueran Brad Pitt.

Mi nombre es Fabiana Cappodicasa, “la Mochilera”, como muchas me llaman. Cappodicasa es el apellido de mi madre, que con tanto orgullo llevo. Yo nací en San Isidro pero mi familia se radicó en Zapala en la década del '80. Tengo 43 años cumplidos en octubre y llegué a Buenos Aires el 3 de agosto de este año.


Como no podía ser de otra forma, y haciendo honor a mi apodo, me vine a dedo. Llegué por error. Si, leíste bien, llegué a la gran ciudad por error. El 1 de agosto salí de la ciudad de Zapala, provincia de Neuquén, ciudad en la que viví hasta ese momento. Por cuestiones climáticas, mi intención era irme a trabajar unos meses a Puerto Iguazú, Misiones, trabajar allí hasta fines de noviembre y luego regresar a mi ciudad porque no soporto el frío de Zapala en invierno. Es así como, después de dos días viajando en camiones, autos, camionetas, llegué a Lomas de Zamora.


Pasé mi infancia con gobiernos militares, creo que por eso mi papá era muy represor. Me pegaba mucho y yo le tenía miedo. Me sentía mas segura con mi mamá, pero él decía que yo era muy maricón y que mi mamá me mal criaba… era homofóbico. Y claro, yo de chica no jugaba ni a la pelota ni con muñecas… solamente jugaba con un camioncito, soñaba con ser chofer de colectivos de larga distancia.


Igualmente en mi adolescencia me sentí mas libre, debe ser por la muerte de mi papá. A los 18 años empecé a trabajar en una represa que se estaba construyendo en Piedra del Águila, en el sector de grúas. Ahí recién empecé a descubrirme como homosexual, pero no me travestía aún.


En la represa… ya había algunos personajes así: había tres o cuatro chicos a los que les llamaban con nombre de chica. Pero yo no me atrevía… yo decía qué bueno, qué libertad, qué lindo sería… pero tenía pudor. Hasta que un día aflojé con un amigo que conocía de antes. Él tenía quince años más que yo. Ahí tuve sexo. Es más que obvio decir que hice el papel de nena porque él era bien activo aunque en la empresa se decía que era gay pero era activo.


A la calle salía como chavoncito pero en la intimidad no podía verme hombre… yo quería ser bien femenina, si tenía vellos me iba a depilar antes de encontrarme con él. Y ahí fue cuando me empezaron a agarrar esos deseos locos de viajar y viajar y cometí el error de renunciar a la empresa e irme de mochilera.


Mi primer destino fue Usuhaia, en donde trabajé en una panadería, Primavera se llamaba, no sé si seguirá existiendo. Cada día, después de trabajar, iba a las colas en las fábricas para ver si me daban trabajo en Grundig, JVC, Sanyo, etc. Pero tomaban más a las mujeres que a los hombres. ¿Por qué no era concha?, ahí me arrepentí de no haberme travestido antes.


En Usuhaia paraba en un hotel. Por fuera estaba terminado, sólo le faltaba por dentro. Ahí tenía una habitación, baño y una garrafita con una cocinita. Desde la ventana veía el aeropuerto. Después de un tiempo y ante las negativas de las fábricas a darme trabajo, volví a Zapala.


La primera vez que me travestí y salí a la calle fue en Neuquén. Antes de eso había viajado a Santa Cruz adonde trabajé un tiempo juntando guano de aves marinas y empecé a juntar plata pensando en comprarme unas buenas ropas femeninas y ponerme a trabajar en la calle. Y así fue, llegué a la ciudad de Neuquén, compré ropa y salí. No sabía ni dónde pararme, ni cuánto cobrar, nada. Para colmo, mis relaciones sexuales siempre fueron con penetración solamente, sexo oral ni por putas, no sabía ni cómo hacerlo, es más me daba impresión. ¡Semejante puto tuve que aprender trabajando! Era una técnica que jamás había practicado.


Cuando volvía a Zapala era para ver a mamá. Cuando vivía allá, antes de ser travesti, yo siempre oculté todo lo que me pasaba. Pero siempre algo se me escapaba, igual, nadie sospechaba de mi sexualidad. Pero aprendí cómo era la gente de ahí cuando llegué como travesti. Ellos ni como gay me tenían. Es como que para ellos, de golpe, pasé de heterosexual a ser travesti.


Era en el año '96. La senté a mamá y le dije: “Mamá le tengo que decir algo grave. Son tres noticias juntas”. Y bueno le conté; primero le dije que había sido homosexual años atrás durante largo tiempo y ella me respondió: “Aja, ¿qué más?”. Yo la miré sorprendida y le dije: "¿Cómo 'ajá'?". La segunda noticia era que me había travestido y que había vendido mi cuerpo por plata a desconocidos. Ella me dijo: “¿Y qué más?”. “¡¡¡Cómo qué más!!! ¿Le parece poco estas tres noticias juntas?", le dije y ella respondió: “Ah, pero vos me dijiste que era algo grave, desde ayer que me venís preparando y yo pensé que habías matado a alguien o vuelto a caer en las drogas, eso es grave…”. Es que cuando estuve viviendo en Corrientes me había entregado al vino y a las drogas… es que la vida misma te lleva eso. La soledad, la angustia, las decepciones, la resignación, todo… Y bueno, mi mamá dijo: “Qué alivio, yo pensaba que era algo grave, así que ahora tengo como una hija”. Y me abrazó tan fuerte que las dos nos pusimos a llorar. Yo no entendía ni jota. Lo único que la enojó fue que no confié en ella antes… y ahí le dije: “¿Se acuerda mamá de Julieta, que yo le hablaba que era mi novia, de allá de Posadas, Misiones? Bueno no era Julieta, era Julián y es de Cutral-Co no de Posadas”.


El escándalo fue en el año '98 que fui ya transvestida a Zapala y me quedé a vivir allí.


Algunos decían, cuando me prostituía en Zapala, que yo había venido de Brasil, y nada que ver, yo era de Zapala. Y así como llegaron los clientes, también llegaron las agresiones. Ser la primera travesti que se prostituyó ahí, lo pagué caro. No había otras antes. Hasta me tiraban piedras con gomeras. En invierno cae nieve, y yo para no helarme el traste me paraba bien en la esquina, porque las paredes tenían nieve y me mojaba o helaba el culo. Entonces unos mocosos, pendejos de mierda, armaban unas bolas de nieve y le ponían piedritas adentro. Eso cuando te golpeaba contra el cuerpo te dolía porque lastimaba. Entonces yo me llevaba una onda y también armaba lo mismo para responder a la agresión. Un día armé una, y cuando los mocosos me estaban por tirar, fui, les apunté con mi onda. “Tiren eso”, les dije. “No te enojes, todo bien”, me dijeron, y se fueron corriendo pero gritando: “Puto, putarraco de mierda, vestite de hombre, te vamos a matar, puto de mierda, travesti sucio”.


En Zapala tengo un carromato, un trailer y al principio necesitaba de unos recursos para ponerlo en condiciones. La idea era dividirlo en dos, comprar las máquinas, cocina, un baño químico… hice todo el proyecto, todo el presupuesto, paso por paso. Quería arreglarlo para armar un puesto para hacer comida al paso. En Zapala había salido un plan que se llamaba “Manos a la obra y emprendimiento solidario”, que venía del Ministerio de Desarrollo de la Nación para financiar proyectos de producción y venta de cualquier cosa. Te daban hasta 15.000 pesos. Yo presenté mi proyecto pero jamás tuve respuesta, ni por si, ni por no. Es más, tenía una primera aprobación pero a mí el dinero jamás me llegó. Y ahora mi presupuesto ya no tiene validez porque todos los precios cambiaron. Tengo la sospecha de que no me lo dieron por ser travesti. Así que todo quedó en veremos. Cuando llegué a Buenos Aires por error, me dije: "Bueno, al menos aprovechá el tiempo que estás acá para averiguar qué pasó con el proyecto en el Ministerio”.


A Buenos Aires llegué en un camión que me trajo hasta Lomas de Zamora. Me había levantado en Choele – Choel. Fue uno de los viajes más largos que tuve porque de Zapala a Choele-Choel me llevaron primero dos camiones y después un auto. En Cipolletti me agarró un aguacero tan terrible que no pude dormir en toda la noche. Y en Choele-Choel me levantó un camionero y me trajo hasta Lomas porque él vivía ahí. Divino el camionero, muy linda persona. Porque hay de todo. Pero yo cuando hago dedo busco que me lleven, nada más. Si hay sexo o no, es lo de menos… a veces pasa, pero no siempre. Pero cuando te subís y los camioneros saben que sos travesti, toda la charla apunta a lo sexual. ¡Qué te van a hablar de fútbol, de política! Yo trato de desviar el tema o zafar pero siempre hablan de lo mismo, y si se calientan, frenan al costado de la ruta, y ¡a la cucheta!. Otros frenan cuando les hacés dedo, pero cuando te ven que sos travesti, dicen que van cerca o para otro lado, que se confundieron… pero yo quiero viajar ¡no quiero sus pijas!. Ellos siempre se piensan que vas a querer algo con ellos, como si todos los camioneros fueran Brad Pitt. Otros van frenando y cuando se dan cuenta, aceleran, esos son los peores. Igualmente el 80 por ciento de los camioneros son piolas. Con algunos cambiamos teléfonos. El que me trajo era re piola. Me trataba en femenino, eso me hizo sentir re bien, y me contó que extrañaba mucho a su mujer, que hacia 10 días que no la veía, que quería ver a su hijo. En la ruta frenó en un puesto y compró unos sándwiches calientes: compartimos la cena y galletitas. No hubo sexo, tampoco me interesaba. Cuando llegamos me explicó cómo hacer para llegar hasta la estación: caminé como 20 o 22 cuadras más o menos y cuando llegué tuve que hacer tiempo porque no había trenes todavía, era de madrugada. Después tomé el tren y llegué a Constitución. De ahí fui a San Isidro a visitar a una prima que hacía mucho que no veía, y luego me fui a la zona del bosque. Ahí hablé con una colega, Martina, que me pasó el dato del Gondolín. “¿¿¿El Gondo qué???” Ni idea tenía de que era eso, pensaba que era una gondola chiquita. Cuando llegué al Gondo era de noche y estaban todas cotorreando en la habitación que después supe que era de Lucía. Cuando llegué, golpeé y se quedaron todas en silencio y apagaron las luces y cerraron las cortinas. ¡Tenían miedo de miiiiiiiiiii! Y de a poco las chicas fueron saliendo, entonces hablé con Zoe y con Natacha. Cuando ví que todas las chicas eran como yo me sentí aliviada. Ahí me pusieron mi apodo, “La Mochilera”. Yo a Zoe le dije que estaba de paso, porque era la verdad, mi intención era ir a Puerto Iguazú. Ya que estaba en Buenos Aires me quedaba unos días, arreglaba los asuntos de mi proyecto en el Ministerio de Desarrollo de la Nación y pasaba por el INADI para asesorarme sobre si no habían cometido un acto de discriminación conmigo por ser yo travesti. Les ofrecí a las chicas quedarme unos días y yo limpiaba porque no tenía plata, después seguía mi viaje.


A mi intención de ir al Ministerio la aborté porque ya mi proyecto está viejo, tendría que presupuestar todo otra vez. Y en el INADI me sentí re mal, más sola que nunca, hasta me hicieron llorar. Ni bien llegué me preguntaron si quería hacer una denuncia o asesorarme. Yo dije que asesorarme, entonces esperé hasta que me atendieron unos abogados y expliqué el caso. Me dijeron que no podía hacer una denuncia porque no había pruebas; pero yo no quería hacer una denuncia, yo me quería asesorar. Y terminé llorando, me sentí re sola, muy sola. Y volví al Gondolín y ya pensaba volver a salir a trabajar, pero yo quiero largar este oficio. Ya estoy viejita.


Mi sueño es tener un puesto de panchos, choripanes y hamburguesas, papas fritas, huevo frito, café con crema, jugos naturales, gaseosas… pero con que sea de choripanes y hamburguesas ya me conformo. Lamentablemente, todo lo que ganaba lo gasté para vivir, le mandaba plata a mi mamá. Ella no la usaba, pero yo se lo mandaba igual para pagarle todos los años que ella me aguantó a mí. Y gastaba en cosmética (se gasta mucho en eso cuando te prostituís).


También me arrepiento de no haber ahorrado dinero, ahí fui una tonta. Pasa que en ese momento no tenía proyectos, ahora los tengo. Y este proyecto me agarra entrada en años, sin plata, y meada por 14 perros.


A veces me siento una bolsa de mierda por prostituirme, pero de eso viví y comí mucho tiempo y hasta con la prostitución conocí al amor de mi vida.


Yo conviví en Neuquén con dos hombres en diferentes momentos, pagué cuentas de gas, luz, cociné para ellos, pero no fue ninguno de ellos el amor de mi vida. Fue una colega mía. Una amiga del alma, de ella me enamoré. Me enamoré en el año '97 pero se lo confesé en 2000. Ella era travesti también, y tenía un auto en conjunto con su hermana. Un día en el año 2000 me llevó en su auto porque nos encontramos en la calle. Yo cuando la ví me emocioné. Ella preguntó por qué estaba triste, si me había pegado mi marido, con quien vivía, y en ese momento no pude más y se lo confesé. Tantos años enamorada en secreto. Le dije: “¿Te acordás de esa travesti de la que te dije que estaba enamorada?. Bueno, sos vos”. Pero ella no lo veía bien a eso y de ahí nos fuimos distanciando. Pero ya lo superé.


En mi vida hice de todo, de San Isidro a Zapala, viajes y viajes, de hombre a travesti, de trabajo en trabajo, de camión en camión, de la represión de mi papá a la libertad de mi mamá, de convivir con un hombre a enamorarme de una travesti, droga, alcohol… mucho he vivido. Pero siempre estoy aprendiendo a ser Fabiana.


 


Por Fabiana