Corporalidades

Corporalidades El Teje Nº6/2010

Para no bajarse los lienzos

Por Taddeo C.C., ilustración por Bruno Veira

Para no bajarse los lienzos

¿Querés cambiar tu nombre y la mención de tu sexo en el documento de identidad?


Bien. Te lo digo desde ya y ojalá me equivoque en tu caso.


El procedimiento judicial necesario para alcanzar esas metas va a llevarte ante psiquiatras, psicólogos y forenses que te van a poner bajo la lupa.


Los relatos de las personas trans que han pasado por el Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional o ante las Oficinas Periciales provinciales están teñidos de indignación y vergüenza.


No es para menos, y hablo no sólo de lo que me contaron, persona a persona, sino de lo que pude verificar. Los informes periciales agregados a los juicios reflejan tal cual lo que ellas cuentan.


Las mujeres trans operadas en otros países relatan la forma exhaustiva y exasperante en que sus nuevos genitales son visualizados, evaluados, registrados y fotografiados, por fuera y por dentro.


¿Para que las revisan? Para nada. Igual les piden certificación médica de la intervención quirúrgica ya realizada, mediante un complicado y costoso trámite dado que la operación se hizo en el extranjero. Las mujeres y los hombres trans no operados no tienen mejor suerte. También los revisan y fotografían más allá del límite de la vergüenza.


¿Para qué? Para nada, para decir que sus documentos no se equivocan, que el médico que intervino en su partida de nacimiento la acertó al decir "varón" o "mujer" Llegan a conclusiones científicas brillantes del tipo: tiene o no tiene pene.


Y hay más todavía. El sistema bucea en la intimidad de los genes, si pensás que el procedimiento es caro y hace perder tiempo no te equivocás. ¿Para aclarar qué? Sí, eso, para no aclarar nada. Obviamente la persona tiene los genes que se corresponden con el cuerpo que mencionan sus documentos.


Para achicar el pánico (aunque el pánico tiene fundamento), tengo que reconocer que no en todos los casos, abogados o jueces, piden esa verificación de los cuerpos, pero también tengo que decir que, por ahora, son un grupo minoritario.


Partamos de una base. Las abogadas y los abogados no ponen el cuerpo. No es "su" cuerpo el que va a ser manipulado.


Ellos mismos piden las pericias porque suponen que los jueces las necesitan, y los jueces las ordenan porque todos lo hacen, porque el abogado lo pide y no quieren afectar el derecho de defensa y porque, en el fondo, nadie sabe mucho en realidad qué debieran verificar o evaluar para dar curso al deseo de una persona trans.


El sistema hasta hoy, tal como surge de las prácticas tribunalicias, obliga a las personas trans, en la mayor parte de los casos, a poner en juego su dig­nidad. Pero a veces uno no tiene la energía suficiente para impedir cosas que lo humillan cuando necesita, sí o sí, una solución, cuando en esa solución se encuentra comprometido el pleno de su vida.


Me detengo a contarte esto porque las cosas pueden no ser así. Porque te aseguro que ni los abogados, ni los jueces, ni los peritos están sujetos a ley alguna que les marque como obligatorias estas prácticas nefastas. Porque todo puede ser más simple, más honesto, más sano. Porque en algunos casos ya se está dando así, en juicios y sentencias tanto o mejor fundadas que las demás, y porque los abogados, los jueces y los peritos tienen la obligación de detenerse a pensar antes de exigir nada a alguien que sólo está pidiendo que se le reconozca el derecho a ser quien es.


Dale, decile eso a tu boga. Decile que sólo vos decidís cuándo bajarte los lienzos.