Corporalidades

Corporalidades El Teje Nº4/2009

Cómo transformarte en lo que sos, segunda parte. Las dudas

Por Julia Amore, foto por Ximena Martinez

Cómo transformarte en lo que sos, segunda parte. Las dudas

Julia Amore dejó los incólumes pasillos del Durand para meterse, a lo Sherlock Holmes, entre las laberínticas calles de La Plata detrás del dato de un nuevo médico. Su operación por la reasignación de sexo avanza mientras ella empieza a pensar también en sus miedos.

Buenas y santas a todas y todos. Para quienes leyeron El Teje anterior, esta es la segunda crónica que escribo sobre mi decisión de hacerme una operación de reasignación genital. Vale la pena aclararlo porque la última vez se dijo cambio de "género" y quiero decirles que fue un error: mi género ya lo tengo y sólo necesito hacerme la reasignación genital para adecuarlo.


            Como ya les conté, en los primeros meses de esta nueva búsqueda me topé con dos fonoaudiólogas del Hospital Durand que hacen un trabajo sobre la voz de las personas trans. Ellas siguen con el programa y yo conocí a varias chicas que ya fueron convocadas a trabajar con ellas ese punto tan importante.


            Para continuar con el recorrido que empecé a contarles, porque de eso se trata, de ir contando cómo va todo este proceso, me reuní con Eduardo Torres, un médico de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) que forma parte del equipo de trabajo del Durand. Eduardo me entrevistó y me derivó con Sandra Soria, otra de las integrantes del equipo, para un psicodiagnóstico. Lo hice. Avancé en las sesiones. Y fue como hacer una terapia: le conté mi vida y todos los acontecimientos de los que me acuerdo desde que tengo uso de razón sobre mi condición; de lo difícil que fue afrontar a mi familia siendo diferente, de la escuela, de los otros y de los momentos de intimidad. Hablé de los juegos de cuando era niña, en los que jugaba a escondidas a las muñecas que le robaba a mi madre porque a ella le encantaban. Tenía varias muñecas de adorno a las que yo a veces hasta les corté el pelo, cosa que me delataba. O le hablé de la época en la que encontré complicidad con algunas amigas y jugaba con ellas y sus muñecas. Hasta el despertar de mi propia sexualidad que tan adormecida estaba. Me había enamorado de un nene de segundo grado cuando estaba en el preescolar y ese era como mi mayor incentivo para entrar a la primaria. Le conté todo desde mi óptica, orientada por esta mujer que me contenía mientras hablaba. La verdad es que estoy muy contenta: el psicodiagnóstico ya está y ahora tengo que volver al Hospital Durand para seguir con el tratamiento.

Interrogatorio: En las entrevistas te hacen preguntas casi como en un interrogatorio, tenés que demostrar que sos lo que querés ser, pero además tenés que asumirte como “no san@” para que te tomen en serio.

Sí. Las cosas fueron así, pero salieron desprolijas: en realidad los pasos convencionales son distintos. Primero, vas al Hospital Durand y pedís un turno con Adrián Helien que es el jefe de Urología. En ese momento, ingresas al Plan de Reasignación Genital y es ahí donde te dicen cómo son los pasos a seguir. Te contactan con la CHA. Y una vez que entras en contacto siguen los pasos que me sugirieron a mí: primero el psicodiagnóstico, luego te derivan al área del tratamiento hormonal y paralelamente debería empezar a avanzar todo el aspecto judicial para llevar a cabo la operación. Porque en nuestro país es así: la operación no está legalizada y, lo que es mucho peor, está penada por la ley. Sería un delito operarte si no tenés la autorización legal correspondiente. ¿Por qué esto? Porque aún está vigente una ley del gobierno militar de Juan Carlos Onganía que prohíbe las operaciones de reasignación genital reguladas por la Ley 17.132. Sí. Tenemos leyes de las épocas más nefastas, de la época de esa otra dictadura. Una verdadera vergüenza. Pero bueno, es coherente, por lo facho, ¡digo! Lo que no es coherente es que ya llevamos nuestros primeros veinticinco añitos de democracia y aun no se modifican estas leyes. ¿No?


            Puntualmente, cuando entra a un juzgado el legajo de una persona trans llega con todas las pruebas correspondientes. Después de un tiempo, te citan y te van entrevistando. En las entrevistas te hacen preguntas casi como en un interrogatorio; tenés que demostrar que sos lo que querés ser pero además debés asumirte como “no san@” para que te tomen en serio. De ahí te derivan a las pericias donde sos examinad@ por especialistas, te toman fotografías y queda registrado que no sos san@ y que lo más conveniente sería la operación. Sí, todo esto es parte del precio que hay que pagar. Luego llega la autorización y el fallo: a favor de tu decisión o en contra. Es un camino sumamente personal pero como te habrás dado cuenta participa un montón de gente. Una vez que tenés el fallo a favor y el turno otorgado quiere decir que llegó el momento de empezar: podes acceder a la tan deseada operación y empiezan los trámites para cambiar todos tus documentos. Recién ahí podes decir que sos lo que querías ser. Es un mucho, ¿verdad? Bueno, quién dijo que las cosas no cuestan: si lo sabremos nosotr@as. ¡Ja!


 


Mi camino


            A grandes rasgos, ya les conté todo el proceso en general. Ahora les cuento dónde estoy parada en este momento. Digo, en este momento y con respecto a mi operación porque no sé dónde estaré parada cuando ustedes lean estas líneas.


            Hasta ahora, yo nunca llegué al Durand. Es gracioso, pero es así. En este camino te vas contactando con mucha gente, conoces muchas otras historias parecidas, diferentes. En esa ruta, conocí a otras chicas que están atravesando la misma búsqueda como Maiamar Abrodos. Ella es actriz y escenógrafa. Trabaja como docente en el IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte) y en la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático). Hace poco más de un año que entró al Programa del Durand y está en pleno proceso de hormonización. Ya tiene su psicodiagnóstico y a un abogado que le está llevando adelante el caso para presentarlo en la justicia. Maiamar viene haciendo todo muy prolijamente, con los altibajos que le genera esto, pero paso a paso llegará a su objetivo. Lo mismo sucede con Alma, una politóloga y humorista a la que ya le salió el primer fallo y cuenta con la fecha para su primera entrevista. También Paula Polo, licenciada en administración de empresas que está sin trabajo y espera el momento de la operación como un nuevo arranque en su vida.


            Con ellas charlo y nos contamos cosas, compartimos experiencias y hace bien porque nos damos fuerzas: es muy difícil encontrar contención en todo esto. Las familias no saben bien cómo se hace, la sociedad mucho menos, es un tema bastante desconocido aún y hay poca información o la poca que hay no siempre es bien tratada.


            En mi caso personal todavía no empecé con las hormonas. El año pasado conocí a Geraldine de Avellaneda. Ella está operada y yo nunca había estado con alguien que ya se había operado. Quería aprovecharlo al máximo. Nos vimos en el despacho de la diputada Diana Maffia de la legislatura porteña. En ese momento, se presentaba un proyecto de ley para que las personas trans puedan ser llamadas por su nombre de elección en todos los lugares públicos (dicho sea de paso, el proyecto se aprobó y hace muy poco quedó sancionado, cosa que les contaré con más detalles en otra oportunidad porque merece un artículo aparte). Pero como les decía, Geraldine me contó todo y charlamos más de una hora, hasta que le pedí que me muestre cómo le había quedado. Lo hizo. Ella me contó que realmente se siente muy bien porque su funcionalidad es perfecta y estéticamente también está bien. Ese fue el momento en el que me dieron ganas de conectarme con su médico. La había operado un médico de La Plata llamado César Fidalgo. Yo lo llamé y por eso es que al final nunca terminé de llegar al hospital Durand para iniciar el tratamiento de hormonas. Me entrevisté con Fidalgo, me explicó cuáles son los pasos que tengo que seguir y me propuso, entre otras cosas, una consulta a una ginecóloga que me va a dar el turno para un mapeo hormonal en el Hospital Gutiérrez de La Plata. El mapeo sirve para saber qué me falta y qué me sobra… Aunque eso es obvio, claro.


            Por todo eso en los últimos meses me estanqué un poquito. Tal vez tenga que ver con los miedos y lo difícil que resulta todo: para esto hace falta dinero y tiempo. Ya les conté que la mayoría de las chicas con las que me fui encontrando tienen sus profesiones, pero son trans y no es fácil ejercerlas. Salvo Maiamar, que trabaja en organismos públicos y lo hace desde antes de su transformación, el resto tiene problemas para ejercer su profesión. Ahí es cuando digo que la sociedad no está preparada para todo esto, las empresas no dan trabajo a personas trans: yo soy actriz, como ya sabrán y trabajo de eso, pero no es nada fácil que te tomen en otros trabajos, así y todo se me hace muy difícil la vida, hay que pagar un alquiler, impuestos, comer y a todo sumarle el derecho de ser quien realmente soy. Estoy en eso, estamos en eso, ojalá que con el tiempo estas cosas se vayan agilizando, se avance y no sea todo tan costoso. Creo en el poder de la transformación de las cosas, de la gente, porque hablo desde mí y en pro de un futuro que nos contenga a tod@s por igual, sin segregaciones ni violencia.


            Cuánto falta para ese mundo de mayor aceptación, no lo sé; pero no es conveniente que nos detengamos a ver cuánto falta, lo importante es saber que estamos en carrera y que en este camino estamos llegando a un montón de lugares. ¡¡¡Me puse cursi!!! ¿Serán las hormonas que aún no comencé a tomar? Bueno, es que por más que me demore un poquito soy una adelantada, ¡ja ja ja! Hasta aquí lo vivido con respecto a mi futura operación, espero sirva de algo lo que les cuento y estaremos en contacto en el próximo número de El Teje.


            Agradezco la contención de amig@s, lo que me queda de familia, los trabajos que me dan la posibilidad seguir siendo, mi profesión y el AMOR que es mi gran fuente de inspiración. Seguiremos en contacto a través de El Teje y de la vida misma.


            “Y a meterle para adelante que para atrás sale sola…”